martes, 12 de abril de 2016

DIA INTERCULTURAL DEL IES CAMINO DE SANTIAGO6

6 de abril de 2016 



 SIN TÍTULOS NI DOCTORADOS.

¿Habéis visto Casablanca?
Hecha antes de terminar la Segunda Guerra Mundial y, por lo tanto, antes de que la ONU. proclamara la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es conmovedoramente lúcida y una emocionante defensa de esos derechos.
Muchos personajes se ven refugiados y atrapados en Casablanca, esperando poder volar a América y escapar del infierno en el que se ha convertido Europa.
Rodada sin muchos recursos y sin mucho tiempo, es una de las mejores películas de la historia del cine.
El día 6 da abril del presente año y curso llevamos a cabo en el salón de actos del centro cívico Río Vena lo que llamaremos el Día Intercultural del Camino de Santiago. Fue un acto sumamente sencillo en el que algunos alumnos subieron al escenario para contarnos algunas cosas de sus países y de sus vidas. Simplemente.
Sin embargo, es increíble que un acto tan sencillo necesite la colaboración y la buena voluntad de tantísimas personas: las del Ayuntamiento, que nos concedieron el uso del salón y, en concreto, la de los dos técnicos que nos acompañaron y lo hicieron posible; la de los más de doscientos alumnos que participaron, que se comportaron ejemplarmente y para los que se realizaba -volveremos con ellos-; la de los profesores que acompañaron y animaron; la del jefe de Extraescolares, que consiguió el salón y el permiso y avisó a todo el mundo; la de la dirección del centro, que no sólo aprobó sino que apoyó con entusiasmo, y, sobre todo, la de los alumnos que salieron a contar.
Esto es un instituto. Esta colaboración inmensa y desinteresada que no parece gran cosa. Y esto ha sido y es el verdadero Camino de Santiago, un instituto donde las personas que vienen de otros países se acercan al 20%, un instituto con muy escasos recursos en el que la mezcla demuestra que es posible, que el ser humano todavía es posible, que todavía queda espacio para la humanidad.
El propósito de este acto era hacer una defensa de los derechos humanos, no con discursos o gestos grandilocuentes, no con espectáculos desmesurados ni con exhibiciones triunfalistas. No. Con personas. Con personas que tuvieron la valentía de decir quiénes son, de contar una parte de sus vidas y sus mundos, de enseñarnos y de darnos una brillante lección, sin haber terminado ni siquiera sus estudios, sin títulos ni falsos adornos. De personas que se dirigieron a otras personas de igual a igual, con una indecible dignidad.
Y si esto es posible en un instituto, ¿no es posible en el país entero, en Europa -si es que Europa quiere seguir teniendo algún sentido-, en el mundo?
¿Pueden unas fronteras privar a las personas de sus derechos? A las de ambos lados: a las de uno de sus vidas, de la paz y de los recursos necesarios para vivir dignamente; a las del otro, de su propia humanidad.
Mientras estos más de doscientos alumnos daban esta lección, habían comenzado las expulsiones de refugiados a Turquía. Pagamos 6.000 millones de euros para librarnos de seres humanos que necesitan nuestra ayuda. Y esto, desgraciadamente, no es una novedad.


En el año 1938 se celebraba la Conferencia de Évian, organizada por Estados Unidos y en la que se reunieron 33 países para tratar de la ampliación de sus cupos de inmigración de modo que pudiesen acoger a los judíos que estaban siendo víctima de la ideología hitleriana. Cinco años llevaba Hitler en el poder; el desprecio hacia los judíos, las leyes racistas y las persecuciones ya habían comenzado, y su voluntad clara de deshacerse de ellos ya había quedado patente.
Y la respuesta de esos países, con la excepción de Holanda y Dinamarca, fue la de no modificar nada. Europa se convertiría en una trampa mortal para más de seis millones de judíos y otras muchas víctimas del nazismo (y, por cierto, que algunos de esos países sí darían más adelante refugio... a algunos nazis).
¿Vamos a repetir lo mismo?
Hay más de cuarenta millones de refugiados en el mundo y más de treinta guerras, más de 25.000 personas mueren cada día de hambre. Y nosotros, que conquistamos América y en unos cien años acabamos con el 80% de su población, que a finales del XIX conquistamos el 90% del territorio africano en tan sólo quince años, que explotamos sus recursos y vendemos armas, nosotros ¿vamos a seguir mirando para otro lado mientras hablamos de derechos humanos y cerramos nuestras puertas?

Estos alumnos que tenemos delante, este mosaico de personas sin privilegios en un instituto pobre, este rincón donde se unen desde Paraguay hasta Canadá, desde Colombia hasta Ucrania, donde se encuentran rasgos e individuos de tantos tipos y grupos distintos, estas personas son nuestra esperanza. No la estropeemos. En lugar de mostrarnos displicentes o prepotentes o... aprendamos de ellos. Este podría ser, como en Casablanca, el inicio de una gran amistad.

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